Resonancias y “ladridos” producidos por los gases generados en ciertas reacciones químicas

Hay dos experimentos clásicos que consisten en realizar reacciones exotérmicas cuya consecuencia es calentar gases, lo que produce extraños ruidos. Uno de estos ruidos se conoce como el del “perro ladrador”.


Precauciones

  • Ambos experimentos conllevan riesgo de incendio y de ruptura de recipientes si se utilizan de vidrio. Deben usarse gafas de protección.
  • El experimento del “perro ladrador” deberían realizarlo solo especialistas con experiencia. El disulfuro de carbono es muy tóxico y tiene un bajo punto de inflamación. También hay que evitar respirar los otros gases implicados en la reacción.

Materiales y procedimiento

Se necesita una botella de plástico de policarbonato, alcohol de al menos 70% y un encendedor se mango largo

  1. Se vierte una pequeña cantidad de alcohol en la botella, de modo que alcance medio o un cm en el fondo.
  2. Se tapa, se pone horizontal y se hace girar para bañar bien las paredes. El objetivo es vaporizar todo el alcohol posible hasta saturar el aire del interior de alcohol.
  3. Se retira el alcohol líquido que quedó. Limpiar también la boca del recipiente de alcohol.
  4. Cuidadosamente, aplicar el encendedor a la boca de la botella.

El alcohol arderá y la salida de los gases producirá un sonido resonante muy pecurliar.

Se puede probar con recipientes de distinto calibre y diversos alcoholes (metílico, etílico, isopropílico).

Una variante es tumbar la botella en el suelo. Los gases que salen harán que salga como un cohete. Por eso, para avitar el peligro de un objeto con fueho en su interior que se mueve, debe usarse muy poco alcohol (se debería empezar con 1 mL o menos).

Cada vez que se repite el experimento se consume el oxígeno en la botella, por lo que hay que soplar en el interior con un tubo o bien volcarlo para que salga el dióxido de carbono o llenarlo con agua para deslojar todos los gases.


El perro ladrador

Se necesita un tubo de vidrio conteniendo N2O o NO y disulfuro de carbono (CS2, unas gotas).

  1. El tubo, bien tapado, se voltea varias veces para procurar una buena mezcla de los reactivos.
  2. Se le quita el tapón y se aplica fuego con un encendedor de mango largo o un pequeño soplete.

El frente de la llama se moverá rápidamente hacia el fondo del tubo, creando un destello quimioluminiscente de color azul brillante y un sonido parecido al que hacen los perros en ciertas ocasiones o al de un avión grande que vuela a gran velocidad y baja altura, lo que se debe a un movimiento oscilatorio de compresión y expansión de los gases, todo ello favorecido por el carácter muy exotérmico de la reacción.

El efecto dura poco, pero la ventaja es que se puede realizar varias veces. Las paredes del tubo quedarán sucias de azufre elemental.


Bibliografía

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